miércoles, 5 de febrero de 2014

EJÉRCITO ENEMIGO - ALBERTO OLMOS


OPINIÓN:
Digamos que he pasado por tres fases al leer este libro. En la primera fase me preguntaba de qué iba la novela, me encontraba ante un personaje onanista y sátiro pero no sabía por dónde iban los tiros. En la segunda fase, Ejército Enemigo me ha resultado muy intersante, ya que ahí está incrustada la carga crítica que vierte Alberto Olmos. En la tercera parte, en la que asistimos al desenlace de la tramilla, no he tenido demasiadas sensaciones.
A tenor de esto, he de decir que me he reído bastante con este libro por su descarnada crítica a cierto modo de activismo eco-político, a la manipulación mediático-publicitaria y  a la pseudo izquierda acomodada; sólo por eso merece la pena acercarse a la biblioteca y cogerlo, ya que el libro no tiene mucho más, desde mi punto de vista,  de interesante.

He aquí un fragmento:
- (...) ¿Cuántas mujeres mueren al año en nuestro país por culpa de la violencia doméstica?
- Cien,creo. Unas cien.
- Unas cien, sí. Bueno, ¿sabes cuántas personas se suicidan, también en un año, también en nuestro país?
-La verdad es que no conozco el dato exacto. ¿Mil?
-Tres mil. No conoces el dato exacto porque ese dato no se da. Porque cada suicida muere en privado y no sale en el periódico. Eso demuestra que la visión que tenemos de la realidad es sólo la visión que encontramos en los medios. Estoy seguro de que una persona que haya visto suicidarse a cuatro amigos suyos, y que no sepa nada de mujeres muertas a manos de su marido, al ser preguntado en una de esas estúpidas encuestas de "Qué es lo que preocupa a los ciudadanos", dirá sin pestañear que le preocupa la violencia doméstica, pero no el suicidio. Los medios son una lectura transversal e interesada de la sociedad, un modelo de unir los puntos, pero no el últino modo de unir los puntos.
-Me estoy perdiendo.- Y agité el papel un poco.
-Así las cosas, la acción social empezó en algún momento a interesarse por los métodos de expandir su influencia, y la publicidad, como sabes mejor que yo, siempre ha estado interesada en encontrar ese elemento diferenciador, de distinción, que hace que se fijen más en tu anuncio que en el de otro. De repente, ser solidario se convirtió en cool, ésa es la clave, por lo que todo se volvió solidario, es decir, lo solidario se volvió superficial, se alejó del terreno íntimo para ser incorporado al simulacro...
-De modo que las acciones sociales son simulaciones -cité a Daniel.
-Ahí está la putada. Ya no se hacen las cosas para que cambien la realidad, sino para que se sepa que se hacen las cosas. (...) Mira los cantantes, los putos artistas solidarios. Ellos son el sistema, Santiago, el puto sistema, si han triunfado, como Miguel Basó, es porque sus padres eran también cantantes, porque lo tenían fácil, porque han pisado a los que tenían más talento que ellos, porque han aprovechado sus influencias y se han plegado a lo que el mercado pide. Todos disfrutan de una vida regalada, del lujo en estado puro.
-Y se sienten culpables.
-Ni de coña. Alguno, de casualidad. Lo que ven es una oportunidad de negocio. ¿Recuerdas el terremoto de Bolivia?
-Si.
-Miguel Basó organizó conciertos "solidarios" aquí, en esta misma ciudad. Juntó a sus cuatro amigos y cantaron cuatro canciones cada uno, a veinte euros la entrada. A lo mejor recaudaron cinco mil euros para Bolivia. Pero salieron en todos los periódicos. Muchos de ellos acababan de sacar disco, ¿sabes? Los que no sacaban disco ni se molestaron en aparecer por el escenario. ¿Te das cuenta de la campaña de publicidad encubierta que supone eso? ¿Del ahorro para sus discográficas? Es acojonante que no los cojamos y los ahorquemos.
-...
-Es una forma de hablar.
-Ya.
-La mayoría de ellos tiene a una boliviana limpiándoles la mierda en su casa. La mayoría de ellos podrían ahorrarnos ir a escuchar su puta música de mierda desembolsando en un plispls cinco mil euros. Cinco mil euros no es nada para ellos, Santiago. Y hasta esa nada la tenemos que pagar nosotros con la excusa de la solidaridad con Bolivia.
(,,,)
-En todo caso, la solidaridad, sgún ese puto esquema, debe iniciar el camino hacia la intimidad, es decir, debe ser una acción que a uno le cueste algo, no sólo hacer clic en una de esas payasadas de red social o ir a un concierto. No se puede cambiar el mundo haciendo fiestas.
-En eso estoy muy de acuerdo, Eduardo. Mucho, mucho. No he visto a nadie pasárselo mejor que a la gente concienciada. ¿Por qué hay que hacer una fiesta para solucionar cada problema?
-Porque si no hay fiesta, la gente no va. 
SINOPSIS SEGÚN LA EDITORIAL:
  La solidaridad, el arte publicitario y las nuevas tecnologías derivadas de internet son el campo de batalla de Ejército enemigo, una novela casi obscenamente actual. Santiago es un publicista en decadencia, vive en un barrio deprimido y contempla con cinismo los movimientos sociales en los que participan sus amigos de clase alta. Cuando uno de ellos muere, la herencia que recibe de él -un simple sobre a su nombre- lleva a Santiago a descubrir la verdadera vida de su amigo muerto, en la que el activismo tomó una arriesgada ruta que no admitía retorno. Ejército enemigo entra de lleno en algunas de las grandes cuestiones de nuestro tiempo: la intrascendencia del discurso político, la confusión entre acción social y repercusión mediática, la desaparición del enemigo a batir, todo ello al dictado de una prosa incendiaria y de una decidida exploración del malestar social.