viernes, 25 de marzo de 2011

VIAJE CON CLARA POR ALEMANIA - FERNANDO ARAMBURU

PERSONAJES:
Clara: profesora y escritora alemana. Tiene tendencia a la tristeza. 
Narrador: Es el marido de Clara, desconocemos su nombre. Español, jocoso, jovial, despreocupado y amante del buen vivir.

ARGUMENTO:
A Clara, su editorial le ha encargado un libro de viajes por el norte de Alemania. Ella y su marido emprenden viaje para visitar lugares y tener vivencias para relatar en el libro. Finalmente, el esposo de Clara, que también escribe sus impresiones a escondidas nos las presenta en este libro. Por lo tanto nos hallamos ante las memorias del viaje del marido de la escritora.

OPINIÓN:
No me ha gustado. Está muy bien escrito pero no me ha gustado; a ver si soy capaz de transmitir por qué. Voy a partir de una frase del propio texto en la que el narrrador dice:  "La realidad está ahí", señalé con la barbilla hacia el ventanal "y tú aquí esperando sentada a que comience el espectáculo." "Bueno, y eso ¿qué tiene de malo?" "Pues que, en lo que afecta a tu libro, no existe más espectáculo ni más realidad que tu destreza con el lenguaje y tu punto de vista. De ti depende transformar una señal de tráfico en motivo de unas líneas apasionantes. ¿Cómo? Supongo que inventando tu propia realidad. (p.306). Hasta la lectura de este libro yo pensaba igual que el narrador, me daban un poco igual el tema, la trama, los planteamientos siempre que el texto estuviera lingüísticamente bien construído; sin embargo, tras leer Viaje con Clara por Alemania he de decir que me ha cansado muchísimo leer un libro tan bien escrito en el que no pasa absolutamente nada, en el que un narrador graciosete hasta lo infantil desgrana una tras otra más de cuatrocientas cincuenta páginas de aburrimiento.
Es una pena, porque por ejemplo, el fantástico capítulo 14  de la ¿novela?, donde se narra la historia de Hannover se agradece entre tanta anécdota sobre una persona constantemente preocupada prácticamente en exclusiva por fornicar y comer. El capítulo 13, donde por fin se nos cuenta algo sobre el pasado de Clara también anima a seguir leyendo. Asímismo salvo aguna gracieta como los ingleses estaban valga la redundancia, borrachos (p. 148); algún juego con la lengua como cuando usa me desacosté en vez de me levanté; la mini reflexión sobre la labor de los traductores (p. 329) y la que le dedica a el hecho de escribir para el público frente a escribir para uno mismo (cap. 28), el libro es bastante tostón.
Libro recomendado pues para amantes pacientes de la filigrana lingüística y totalmente desaconsejado para lectores ávidos de aventuras y personajes.