domingo, 5 de diciembre de 2010

RIÑA DE GATOS, MADRID 1936 - EDUARDO MENDOZA

PERSONAJES:
Anthony Whitelands: británico especialista en printura española. No compra ni vende, vive de artículos y conferencias. Treinta y pico años, destaca por su considerable estatura.
Paquita: Marquesa de Cornellá, hija de los duques de la Igualada. Espigada y de rasgos regulares.
José Antonio Primo de Rivera: el personaje histórico.



ARGUMENTO:
Anthony Whitelands, britátnico experto en pintura española,  es contratado para peritar unos cuadros pertenecientes a una acaudalada familia española.  La intención de los propietarios es venderlos e irse al extranjero pues es palpable el próximo estallido de la guerra civil. El sencillo encargo se complica por motivos políticos y afectivos.


OPINIÓN:
Desde que leí el Planeta adjudicado a Fernando Savater prometí no volver a leer ninguno más, sin embargo Eduardo Mendoza es un autor que siempre me ha gustado y eso me ha llevado a leer esta novela. Después de hacerlo, he renovado mi voto: no vuelvo a leer un Planeta.
No me ha gustado porque los personajes son poco creíbles. Anthony no controla en absoluto su vida, se pasa media novela diciendo que al día siguiente abandonará Madrid y no lo hace, se deja maltratar y engañar por absolutamente todos los personajes que pueblan la novela independientemente de su catadura. Igualmente Paquita, de carácter sumamente marcado al principio de la obra, acaba desinflándose por completo.  Esto por no hablar de Lilí, hermana menor de Paquita, tal vez el personaje menos logrado de todos.
Algunos personajes están caracterizados por su habla, cosa de agradecer en estos tiempos, pero el protagonista, siendo inglés,  no comete ni un solo error lingüístico; al contrario, en algún momento usa sintaxis y léxico rebuscado (por ejemplo el vocablo prepóstero en el capítulo V)

La trama no está bien engarzada, por momentos también se hace poco creíble y forzada, es una pena porque el ritmo narrativo es bueno. Pasajes poco creíbles son, por ejemplo, los que se desarrollan en la embajada inglesa o la escena con los tres generales en casa del duque, con el mayordomo organizando la búsqueda del intruso o el de la duquesa recurriendo a Azaña.
Tras leer el primer párrafo del capítulo III estuve a punto de dejarlo porque es relamente malo, nada propio de Eduardo Mendoza.
Otra cosa a destacar es que de vez en cuando introduce en la narración información sobre cuadros de Velázquez o sobre la situación política de España que más parecen artículos de la wikipedia que partes de una novela.
Por desgracia, las habituales escenas hilarantes de Mendoza se quedan en esta novela, en intentos de escenas hilarantes. Reconocemos a Mendoza en los nombres que da a sus personajes, en su línea irónica, pero en genral no le veo la gracia a este esperpento.
 Recomendado para lectores poco exigentes con ganas de recordar los días previos al estallido de la guerra civil.